Armas biológicas: breve reseña histórica (1)
La creencia de que el ser humano puede padecer enfermedades infecto-contagiosas por exposición a un ambiente insano se sumerge en la profundidad de los tiempos históricos de la Humanidad. Estas infecciones se transmitirían por “miasmas” o “efluvios malignos” que se creía desprendían los cuerpos enfermos, las materias corruptas o las aguas estancadas. Los primeros ataques “biológicos” fueron rudimentarios y posiblemente consistieron en emplear cadáveres o fomites (objetos, ropas y otros materiales contaminados) para transmitir enfermedades. Una de las pandemias mejor documentada de peste (“Muerte Negra”, transmitida por pulgas y producida por la bacteria Yersinia pestis), comenzó durante el sitio, en el siglo XIV, del puerto genovés de Kaffa (actual Feodosyia, en Crimea, Ukrania) por los tártaros. Éstos lanzaron cadáveres de víctimas de peste, mediante catapultas, al interior de la ciudad con el propósito de que la plaga se extendiera entre los defensores y se acelerara su rendición. Los sitiados y los sitiadores sufrieron una epidemia de peste que posteriormente se diseminó, cuando los refugiados llegaron a Constantinopla y Génova, por todas las costas del Mediterráneo. Es difícil asegurar que el origen de dicha epidemia fuesen los cadáveres de los enfermos de peste, ya que los ciclos naturales de la enfermedad se ven propiciados por las malas condiciones higiénicas y las carencias alimenticias asociadas a los estados bélicos. Kaffa era un puerto importante en las rutas comerciales que se originaban en Asia Central, zona endémica de peste selvática, y la posible transmisión natural de esta pandemia es otra de las hipótesis barajadas.