Existe un tratamiento con fármacos antimicrobianos para algunas de estas enfermedades infecciosas y se dispone de antitoxinas, vacunas o ambas herramientas para otras. Sin embargo, en otras enfermedades de elevada gravedad no existe ni tratamiento ni profilaxis que sean específicos de las mismas. El listado siguiente recoge algunas de las posibilidades terapéuticas existentes:
Bacterias
Bacillus anthracis (Carbunco): Ciprofloxacino, doxiciclina. Vacunas de uso restringido para personas en riesgo: atenuada y enriquecida con factores de virulencia.
Brucella (Brucelosis): Doxiciclina combinada con rifampicina. Vacuna no disponible.
Burkholderia mallei (Muermo): Ceftazidima, doxiciclina, trimetoprim-sulfametoxazol (cotrimoxazol), ciprofloxacino. Sin vacuna.
Chlamydophila psittaci (Ornitosis o psitacosis): Doxiciclina, eritromicina. Sin vacuna.
Coxiella burnetii (Fiebre Q): Doxiciclina. Sin vacuna.
Francisella tularensis (Tularemia): Ciprofloxacino, doxiciclina (cloranfenicol en infección neurológica). Vacuna viva atenuada de uso restringido.
Rickettsia (Tifus y otras rickettsiosis): Doxiciclina. Sin vacuna.
Salmonella (salmonelosis, fiebres tifoidea –entérica- y paratifoideas): Ceftriaxona, ciprofloxacino, cotrimoxazol, amoxicilina. Vacuna oral atenuada.
Vibrio cholerae (Cólera): Rehidratación y tetraciclinas, cotrimoxazol (niños), eritromicina (embarazadas). Vacunas en experimentación.
Yersinia pestis (Peste): Estreptomicina, ciprofloxacino, gentamicina (cloranfenicol en infección neurológica). Vacuna inactivada de uso restringido (no se recomienda ni se fabrica).
Virus
Alphavirus (Encefalitis). Sin vacuna ni tratamiento.
Arenavirus (Fiebres de Lassa, Junín y otras). Ribavirina. Sin vacuna.
Hantavirus. Sin vacuna ni tratamiento
Virus de Ébola y Marburgo (Filoviridae: Fiebres hemorrágicas). Sin vacuna ni tratamiento.
Virus de la gripe (Influenzavirus A: Gripe o influenza). Amantadina, zanamivir, oseltamivir. Vacuna de preparación anual.
Virus de la viruela (Poxviridae: Viruela). Vacuna de uso restringido.
Toxinas
Clostridium botulinum (Botulismo): Antitoxina trivalente (A, B y E). Vacuna no disponible.
Clostridium perfringens (Gangrena gaseosa): Reposición de líquidos y electrólitos. Desbridamiento quirúrgico, penicilina G, oxígeno hiperbárico. Sin vacuna ni antitoxina.
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Varios países han desarrollado programas de investigación con diferentes agentes biológicos que podrían ser utilizados como un arma biológica. Sin embargo, hay un número limitado de éstos que es reconocido de forma consensuada por los expertos y que causa daños al ser humano, a los animales domésticos o a las cosechas.
Entre los microorganismos o sus productos que podrían ser utilizados para la preparación de armas biológicas destacan el virus de la viruela, Bacillus anthracis (causa del Carbunco o Ántrax), Yersinia pestis (causa de la Peste), la toxina botulínica de Clostridium botulinum (causa del Botulismo), Francisella tularensis (causa de la Tularemia) y los virus asociados con las denominadas fiebres hemorrágicas (como el de Marburg o el Ébola).
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El ejército japonés estuvo muy activo desde años antes del comienzo de la II Guerra Mundial en el estudio y experimentación con armas biológicas. Entre 1939 y 1942, realizaron una docena de “pruebas de campo” sobre ciudades chinas arrojando cultivos bacteriológicos viables, aerosoles bacterianos o bombas con pulgas vivas infectadas con Yersinia pestis (¡mas de 15 millones de pulgas en cada ataque!).
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Los ejércitos norteamericano y británico probaron el uso de bombas con esporas de Bacillus anthracis y el ejército ruso experimentó con Yersinia pestis y Francisella tularensis (causante de la tularemia, una zoonosis que se observa en zonas boscosas). Las pruebas realizadas por los Aliados en la isla de Gruinard (cerca de la costa de Escocia) con esporas de Bacillus anthracis demostraron su capacidad letal sobre las ovejas y otros animales de la isla y también la larga persistencia de su efecto: ¡las esporas no se pudieron erradicar completamente hasta 1986 cuando se descontaminó la isla con formaldehído y agua de mar!
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La creencia de que el ser humano puede padecer enfermedades infecto-contagiosas por exposición a un ambiente insano se sumerge en la profundidad de los tiempos históricos de la Humanidad. Estas infecciones se transmitirían por “miasmas” o “efluvios malignos” que se creía desprendían los cuerpos enfermos, las materias corruptas o las aguas estancadas. Los primeros ataques “biológicos” fueron rudimentarios y posiblemente consistieron en emplear cadáveres o fomites (objetos, ropas y otros materiales contaminados) para transmitir enfermedades. Una de las pandemias mejor documentada de peste (“Muerte Negra”, transmitida por pulgas y producida por la bacteria Yersinia pestis), comenzó durante el sitio, en el siglo XIV, del puerto genovés de Kaffa (actual Feodosyia, en Crimea, Ukrania) por los tártaros. Éstos lanzaron cadáveres de víctimas de peste, mediante catapultas, al interior de la ciudad con el propósito de que la plaga se extendiera entre los defensores y se acelerara su rendición. Los sitiados y los sitiadores sufrieron una epidemia de peste que posteriormente se diseminó, cuando los refugiados llegaron a Constantinopla y Génova, por todas las costas del Mediterráneo. Es difícil asegurar que el origen de dicha epidemia fuesen los cadáveres de los enfermos de peste, ya que los ciclos naturales de la enfermedad se ven propiciados por las malas condiciones higiénicas y las carencias alimenticias asociadas a los estados bélicos. Kaffa era un puerto importante en las rutas comerciales que se originaban en Asia Central, zona endémica de peste selvática, y la posible transmisión natural de esta pandemia es otra de las hipótesis barajadas.
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En los últimos años, han sido frecuentes las noticias relacionadas con las armas biológicas y la posibilidad de que determinados países u organizaciones terroristas las empleen. El término armas biológicas se refiere a la utilización deliberada de microorganismos patógenos o de sus productos (toxinas) con el objetivo de provocar enfermedad y muerte de seres humanos, animales o la destrucción de las cosechas y recursos agrarios.
Seguir leyendo: I y II

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